martes, 14 de enero de 2014

SANTA ELENA

En casa de mis padres
un traidor pidió posada,
y mis padres como nobles
al momento se la daban.

De tres hijas que tenían
le pidió la más mediana:
-Esta hija tan hermosa
yo quisiera desposarla.

-Mi hija yo no la doy,
mi hija no es para casarla,
que la quiero meter a monja
del convento Santa Clara...

A esto de la media noche
el traidor se levantaba,
la sacó por un balcón
a favor de una criada.

Le pagó por el favor
diez monedas de oro y plata,
siete leguas han andado
sin decir una palabra.

-¿Cómo se llama la bella,
cómo se llama la dama?
En casa de mis padres
Elenita me llaman
y ahora que estoy en el monte
Elena la desgraciada.

Ha querido abusar de ella,
sin lograr lo que pensaba,
el traidor sacó un cuchillo
y con él la degollaba.

La tiró tras un zarzal
para que no la encontraran.
De ella se formó una ermita
tan blanca y bien dibujada:

De los huesos las paredes,
de los ojos las ventanas,
de los oídos de Elena
se formaban las campanas.

De las trenzas de su pelo
soguitas para tocarlas
de los huesos del cráneo
las bóvedas se formaban
y de sus blancos dientes
tejitas para retejarlas.

Han pasado cinco años
por allí el traidor pasara
por allí había un pastor
y a éste le preguntaba:

-¿De quién es aquella ermita,
tan blanca y dibujada?
- De Santa Elena, señor
que aquí fue degollada.

-Pues por ser de Santa Elena
iremos a visitarla.
-¿Me perdonas Santa Elena
que yo fui tu amor primero?
-Yo te perdono traidor
pero irás a los infiernos.

El castigo recibió
allí mismo el caballero
su figura quedó allí
convertida en candelero.

Esta historia cuento yo
para que sirva de escarmiento.

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