miércoles, 23 de octubre de 2013

             LAS LENGUAS DE DOBLE FILO


Me lo dijeron ayer,
las lenguas de doble filo,
que te casaste hace un mes,
y yo me quedé tan tranquilo.

Otro cualquiera en mi caso,
se hubiese echado a llorar,
yo, cruzándome de brazos,
dije que me daba igual.

Nada de pegarme un tiro,
ni enredarme a maldiciones,
ni apedrear con suspiros,
los vidrios de tus balcones.

¿Te has casado? Buena suerte,
vive cien años contenta,
y a la hora de tu muerte,
Dios no te lo tome en cuenta.

Que si al pie de los altares
mi nombre se te borró,
por la gloria de mi madre,
que no te guardo rencor.

Porque sin ser tu marido
ni tu novio, ni tu amante,
soy yo quien más te ha querido,
¡con eso tienes bastante!.

-¿Qué tiene el niño, Malena?
anda como trastornado,
le encuentro cara de pena,
y el colorcillo quebrado.

Ya no juego a la trompa,
ni tiro piedras al río,
ni me destrozo la ropa,
subiéndome a coger nidos.

-¿No te parece a ti extraño?
-¿No es una cosa muy rara
que un chaval con doce años,
lleve tan triste la cara?.

Mira que soy perro viejo,
y estás demasiado tranquila,
¿quieres que te de un consejo?
vigila, mujer, vigila...

Y fueron dos centinelas
los ojillos de mi madre,
cuando sale de la escuela
se va para los olivares.

-¿Y qué busca allí?
una niña:
tendrá el mismo tiempo que él.

Cuando mi padre se enteró
muy bien de tu nombre,
a ti te compró unos zarcillos
y a mí un pantalón de hombre.
       



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