martes, 10 de diciembre de 2013

MILAGRO DEL SANTO CUSTODIO


Escuchar todos en silencio
el que se quiera enterar,
los milagros que Custodio
acaba de publicar.

A la corte celestial
y a la Virgen soberana
que por su nombre se llama
la Virgen de la Cabeza,
patrona de toda España,
y a la Virgen de la Estrella,
y a la del Carmen sagrada,
y a la Virgen Milagrosa,
divina e inmaculada,
y a la Virgen del Consuelo,
que por su verbo y su gracia
están en la Santa Iglesia
del cielo representadas,
han bajado aquí a La Tierra,
todas juntas y en compaña
con nuestro Señor Divino,
a pedir cuentas y darlas,
al señor Santo Custodio
que sólo con él se habla,
para que haga milagros
y no interese nada.
A todos los que padezcan
de enfermedad corta o larga
y amén con devoción
a la ley santuaria
y se encuentre arrepentido
de ofensivas palabras,
que haya cometido
a la religión cristiana
y todo el que se arrepienta
su vida quedará salva
en el valle misterioso
de las Vírgenes humanas
que están con Nuestro Señor
diciendo misa del alba
y haciendo las oraciones
secretas y reservadas
Al señor Santo Custodio
que por su belleza y gracia
se acerca y habla con él
el espíritu de un alma.

Todos los días del año,
a sus horas combinadas
unas veces va de tarde,
otras veces por la mañana,
otras veces va de noche
y otras por la madrugada.

En una cierta ocasión
durmiendo estaba en su cama
y en el más profundo sueño
sintió que lo despertaban
y a tiempo de abrir los ojos
vio una luz que relumbraba
dentro de su habitación
que propiamente brillaba
como los rayos del sol
y la bella luna clara.

Todas las flores
allí se representaban
y una poderosa virgen
que Custodio la extrañaba
y era la Virgen del Carmen
que el espíritu mandaba
a decirle que venía
una mujer millonaria
de la región de Castilla
hija de Guadalajara
y traía una enfermedad
muy infecciosa y muy larga
que los médicos del pueblo
no pudieron acertarla.

Hacia ya cinco años
que la señora exclamaba
de aquel mal desconocido
que de ella se apoderaba
sin tener más alimento
que pan mojado con agua,
como médico no había
que pudieran ampararla
a pesar de la fortuna
que la mujer poseía
llevo médicos franceses
y médicos de Alemania
y no pudieron tampoco
a la señora curarla.

Los médicos se marcharon
y la señora quedaba
horriblemente pasando
su vida desesperada.

El día que se marcharon
a otro día por la mañana
la señora dando gritos
estaba en su triste cama
pidiendo a Dios del cielo
que su vida le quitara
porque ya más no podía
su enfermedad soportarla.

Al tiempo que un pobre anciano
a su puerta se acercaba
a pedirle una limosna
con la ropa destrozada.
Cuando la señora vio
al anciano como estaba
echó mano al monedero
y le dijo a la criada:
-Llévale estos cuatro duros
y dile que no se vaya
que le voy a dar un traje
que tengo de pura lana
que lo compré a mi esposo
estando recién casada,
que a otro día de comprarlo
a Dios su vida entregaba
y se fue a la Santa Gloria
sin que el traje lo estrenara.

Al recibir el anciano
de manos de la criada
el traje y los cuatro duros
pidío un poco de agua
que se la dieran en un tiesto
para que no les repugnara,
la señora que observó
aquella triste palabra
a la criada le dijo
que de la alcoba sacara
la nueva jarra de oro
y que en ella le diera agua
que no porque fuera anciano
que es una persona humana
que tiene el mismo derecho
que el padre Santo de Italia.

Al recibir el anciano
de oro la nueva jarra
con palabras soberanas:
-Dígame usted por qué llora
dígame usted por qué exclama
dígame usted la verdad
a ver si puedo salvarla.
-Sí señor, mi buen anciano,
la señora contestaba
hace más de cinco años
que de mi se apoderara
una grave enfermedad
que me arranca las entrañas.

Entonces el pobre anciano
comenzó a examinarla
diciéndole: no me engañe
a la pregunta que le haga,
si me dice la verdad
su vida quedará salva
y si no de lo contrario
tendrá que morir quemada
igual que un frondoso bosque
encendido en vivas llamas
y después de su peligro
quedará carbonizada.

Es muy cierto y positivo
que cuando usted se encontraba
en relación con su novio
su madre le aconsejaba
que no debiera admitirle
porque con él no igualaba
y un domingo por la tarde
su novio fue a visitarla
estando hablando con él
su madre a tiempo llegaba
y dándole un buen consejo
con ella se impacientaba
y perdiéndole el respeto
tres o cuatro bofetadas
le pegó a su propia madre
en el medio de la cara
y en aquel mismo momento
al suelo cayó insultada
y en el medio del insulto
a Dios su vida entregaba
y así le digo señora
que ha cometido una infamia
que por pegarle a su madre
se está viendo castigada.


Si quiere ponerse buena
y verse purificada
renuncie a sus pecados
y haga lo que le manda
el pobre mendigo anciano
que ya verá lo que gana
que sólo por atención
de darle el agua en la jarra
y en regalo cuatro duros
y el traje nuevo de lana
si hace lo que le digo
le prometo mi palabra
que tiene que verse buena,
saludable como el agua
de las cristalinas fuentes
que tiene Sierra Nevada.

Vaya usted a Andalucía
prontamente y sin tardanza
a las tierras de Jaén
que es tierra divina y santa
y a un trayecto de ocho leguas
son cortas más bien que largas,
hay un delicioso pueblo
que el Noalejo se llama,
y bien próximo de allí
a una pequeña distancia
hay otro pequeño pueblo
que por nombre tiene Frailes,
y cerca de allí reside
el hombre que ha de curarla
en un cortijo de campo
el cual La Joya se llama,
y tiene que presentarse
a las diez de la mañana,
allí la recibirán
porque va recomendada
del pobre mendigo anciano
de la religión sagrada.

El día que la señora
salió de Guadalajara,
con destino a Noalejo
con tres hombres en compaña
pagándoles su jornal
y el viaje les costeaba.

En la estación de Alcaudete
del tren mixto se bajaban
emprendiendo su viaje
en el auto de Granada.
Desde este pueblo a Alcalá,
de allí se fueron a Frailes
la echaron en la camilla
bien brillante y adornada.

Pasando cuestas y cerros,
por barrancos y montañas,
cuando al cortijo asomaron
Custodio salió a guardarla

Al llegar a su presencia,
les dijo que descansaran
y dejaran la camilla
con la señora acostada.

Alrededor de Custodio
todos se arrodillaban
con el sombrero en la mano
a un tiempo que saludaban.

Al saludarlos Custodio
les dijo que se callaran
se aproximó a la señora
diciendo en breves palabras:
-No preciso preguntarle,
porque sé lo que le pasa,
¿se encuentra usted arrepentida
del pecado y de la infamia,
que le acometió a su madre
que el ser que tiene le daba?
-Sí, señor Custodio
la señora le contestaba,
yo me encuentro arrepentida
de las cuatro bofetadas
que le di a mi propia madre
por no querer respetarla.

Pues ya puede retirarse
que ya queda buena y sana,
sabrá que la he puesto buena
solamente con mirarla.
La señora que se vio
tan buena y purificada
saca de su maletín
unos mil duros en plata,
mil más en sendos billetes,
en oro sacó otras tantas
monedas de cinco duros
a Custodio regalaba.
Y Custodio respondió
prontamente y sin tardanza:
-Llévese usted ese dinero
que yo no intereso nada,
porque me quedo conforme
solamente con las gracias,
pero tiene que decir
una misa diaria
a la corte celestial
y a laVirgen soberana
y a la Virgen de la Estrella
y a la del Carmen sagrada
y aquella que está en el cerro
que por su nombre se llama
la Virgen de la Cabeza
patrona de toda España
y a la Virgen milagrosa
divina e inmaculada
y a la Virgen del Consuelo,
que son Vírgenes humanas
que van con nuestro Señor
y al espíritu de un alma
que son los que autorizan
para que pueda curarla.

Amén, Amén, Amén.

martes, 3 de diciembre de 2013

EL BUEN SOLDADO

De 25 soldados
que iban juntos a la guerra
de 25 va uno que sólo lleva pena.

Soldadito, soldadito,¿por qué llevas tanta pena?
¿es que te marea el mar o el humo de la caldera?
A mi no me marea el mar ni el humo de la caldera,
es que me he casado hoy y me llevan a la guerra.

¿Tan guapa es tu mujer, que tanto te acuerdas de ella?
si quieren ustedes verla la traigo en la cartera.
Sacó una fotografia para que todos la vieran,
y el capitán que la ve, ha puesto sus ojos en ella.

Soldadito, soldadito, ya te puedes ir con ella
que con un soldado menos también se gana la guerra.

-Ábreme la puerta cielo, ábreme la puerta estrella.
-la puerta no te la abro, mi marido está en la guerra.

-Ábreme la puerta luna, ábreme la puerta estrella,
que por tu cara bonita me han librado de la guerra,
allí fueron los abrazos, allí fueron los suspiros,
allí fueron los besos, de un matrimonio querido.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

LA LOBA PARDA

Estando yo en mi choza, apoyado en mi cayada,
las cabrillas altas iban y la luna rebajada,
mal barruntan las ovejas, no paran en la majada,
vi venir siete lobos, por una oscura cañada.

Venían echando suertes, cual entraba a la majada,
le tocó a una loba vieja, patituerta, cana y parda,
que tenía los colmillos como puntas de navaja.

Dio tres vueltas al redil y no pudo sacar nada,
a la otra vuelta que dio, sacó una borrega blanca,
hija de la oveja churra, nieta de la orejisana,
la que tenían mis amos para el Domingo de Pascua.

-¡Aquí mis siete cachorros, aquí perra trujillana,
aquí, perro el de los hierros, a correr la loba parda!
si me cobráis la borrega, cenaréis leche y hogaza,
y si no me la cobráis, cenaréis de mi cayada.

Los perros tras de la loba, las uñas se esmigajaban,
siete leguas la corrieron, por unas sierras muy agrias.
Al subir un cerrillo, la loba ya va cansada:
-Tomad perros la borrega, sana y buena como estaba.

-No queremos la borrega, de tu boca alobadada,
que queremos tu pelleja para el pastor una zamarra,
el rabo para correas, para atarse las bragas,
de la cabeza un zurrón, para meter las cucharas,
las tripas para guitarras, para que bailen las damas.

viernes, 22 de noviembre de 2013

EL AMANTE Y LA MUERTE

Un sueño soñaba anoche, soñito del alma mía,
soñaba con mis amores, que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca, aún más que la nieve fría.
-¿por dónde has entrado amor?¿Por dónde has entrado, mi vida?,
las puertas están cerradas, ventanas y celosías.
No soy el amor, amante: la muerte que Dios te envía.
-¡Ay muerte tan rigurosa, déjame vivir un día!,
Un día no puede ser, una hora tienes de vida.

Muy deprisa se calzaba, más deprisa se vestía;
y se va para la calle, en donde su amor vivía.
-¡Ábreme la puerta, Blanca, ábreme la puerta, niña!
-¿Cómo te podre yo abrir, si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio, mi madre no está dormida
-Si no me abres esta noche, ya no me abrirás, querida,
La muerte me esta buscando, junto a ti, vida sería.
-Vete bajo la ventana, donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda, para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare, mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe; la muerte que allí venía:
-Vamos, el enamorado, que la hora ya está cumplida.

martes, 19 de noviembre de 2013

LOS HIJOS PERDIDOS

Un día estando de campo, en una dehesa de merienda,
se le perdieron dos hijos, José Gómez y Teresa.
Qué penita no tendrían aquellos padres queridos,
despiertan de echar la siesta y no encuentran a sus hijos.

Y el señor alcalde les dice: "ustedes no tengan pena,
se pondrán todos los medios pa buscarlos por la sierra".
Guardias y guardias civiles, guardas y municipales,
los buscan por todas partes y no pueden encontrarles.

Estos dos niños perdidos son de muy corta edad,
el  niño tiene seis años, la niña para ocho va.
"!Ay Teresa de mi vida!, ¡ay Teresa de mi alma¡,
se los habrán comido las fieras y yo durmiendo en mi cama".

Un día estando de caza Don Rafael Pozo Garrido,
siente una voz que le dice:"¿por quién somos socorridos??,
se acerca para la cueva con mucha serenidad,
y les pregunta a los niños "¿vuestros padres dónde están?".

Nosotros no lo sabemos, Teresita le contesta,
porque hace mucho tiempo que estamos en esta cueva.
Comemos hierba del campo, también comemos madroños,
con tanto bueno en mi casa y nosotros sin probar ni un bollo.

Los ha sacado de la cueva, los arropa en su manta,
enseñándoles a sus amigos aquella preciosa caza.
Los amigos le preguntan: ¿qué es lo que traes Rafael?
Una caza tan bonita, nunca la he podido hacer.

No tengo hijos ningunos, tengo  mucho capital,
ya tengo yo en este mundo, quien me pueda a mi heredar.
Ya se fueron por el camino que iba para Santa Amalia,
porque ese es el camino que lleva para su casa.

A la salida del pueblo hay una sagrada ermita,
donde estos afligidos padres, todas la tardes visitan,
pidiendo al Ángel del cielo, tan grande y soberano,
vete alrededor de mis hijos y los cubres con tu manto.

Diciendo estas palabras, ella volvió la cabeza,
se le fue un grito del pecho "¡Ay mi José y mi Teresa!"
el padre al oir aquello ¿qué es lo que dices Teresa?
que el ángel de nuestra guarda a nuestros hijos presenta.

Se tiraron dando besos, dando gracias al caballero,
¿qué es lo que le debo por encontrar a mis hijos?,
ustedes no deben nada, tomen ustedes a sus hijos,
ha sido obra del cielo y yo les regalo un cortijo.

martes, 12 de noviembre de 2013


           LA MALA MADRE

Más arriba de Burgos,
hay una pequeña aldea,
donde vive un comerciante,
que vende paños y sedas.

Tiene una mujer bonita,
-valía más que fuera fea-,
tiene un hijo de cinco años,
la cosa más parlotera.

Todo lo que pasa en casa,
a su padre se lo cuenta,
su padre, por más quererlo,
a las rodillas le sienta.

-Ven aquí tú, hijo querido
ven aquí mi dulce prenda,
quiero que todo me digas,
en esta casa ¿quién entra?.

-Padre de mi corazón,
el alférez de esta aldea,
llega todos los días,
y con  mi madre conversa.

Con mi madre come y bebe,
con mi madre pone mesa,
con mi madre se va a la cama,
como si usted mismo fuera.

A mi me dan un ochavo,
para jugar a la rayuela,
y yo como picarzuelo,
me escondo tras de la puerta.

Mi madre me está mirando,
y me dijo que me fuera:
-Deja que venga tu padre,
que te va arrancar la lengua.

Mal le ha sentado al señor,
el que aquello se supiera,
después ha salido a un viaje,
de siete leguas y media.

Un día estando jugando,
con los niños de la escuela,
ha ido a buscarle su madre,
a peinar su cabellera.

Ha cuarteado su cuerpo,
le ha tirado en una artesa,
y el peinado que le ha hecho,
fue cortarle la cabeza.

La coloca entre dos platos,
y al alférez se la entrega:
-Señora se le castiga,
pero no de esta manera,
haberle dado cuatro azotes
y haberle echado a la escuela.

Tras de tiempos llegan tiempos,
y el marido ya regresa,
ella ha salido a buscarle
y le ha encontrado en la puerta.

-Entra, maridito, entra
que te tengo una gran cena,
los sesitos de un cabrito,
las agallas y la lengua.

¿Qué me importa a mi de eso?,
¿qué me importa de la cena?,
te pregunto por  mi hijo,
que no ha salido a la puerta.

-Entra maridito, entra,
por tu hijo nada temas,
le di pan esta tarde
y se fue pa ca su abuela.

como cosa de chiquillos
está jugando con ella,
se pusieron a cenar
y oye una voz que le suena.

-Padre de mi corazón,
no coma usted de esa cena,
que salió de sus entrañas,
y no es justo que a ella vuelva.

Se ha levantado el señor,
la busca de su hijo empieza,
le ha encontrado cuarteado,
partidito en una artesa.

La ha agarrado de los pelos,
barre la casa con ella,
y después de golpearla,
a la autoridad la entrega.

Unos dicen que matarla,
otros, lo mismo con ella,
otros dicen que arrastrarla,
de la cola de una yegua.

martes, 5 de noviembre de 2013

                 UN CURILLA SIENDO CURA


Un curilla siendo cura,
de la religión mayor,
se enamoró de una niña,
desde que la bautizó.

Mientras vivieron sus padres,
no la pudo lograr, no
cuando ellos murieron,
la niña sola quedó.

Un día del mes de Mayo,
peinándose estaba al sol,
por allí pasó el curilla,
por allí pasó el traidor.

-Vente conmigo Pepita,
Pepita de mi corazón,
la agarró de una mano
y a su casa se la llevó.

Un día de Jueves Santo,
con la niña se acostó,
le puso la mano al pecho,
y el cuerpo muerto quedó.

-Vecinos, los mis vecinos,
si tenéis buen corazón,
sacadme de aquí esta niña,
donde no la vea Dios.

A la mañana siguiente
a decir misa marchó,
y al tiempo de alzar el cáliz,
del cielo bajó una voz:

-¡Detente, traidor, detente
detente padre traidor!
no puedes decir misa,
ni consagrar al Señor.

A la mañana siguiente,
para Roma se marchó
que le confiese el Papa
y le eche la absolución.

-Que te arrastren cuatro potros
desde Roma hasta Aragón.
-Esa es poca penitencia,
 más grande la quiero yo.


-Que te suban a una torre,
y te pongan por reloj.
-Esa es poca penitencia,
más grande la quiero yo.

-Que te metan en un horno,
hasta que te hagas carbón.
-Como era una niña santa,
esa me merezco yo.