martes, 12 de noviembre de 2013


           LA MALA MADRE

Más arriba de Burgos,
hay una pequeña aldea,
donde vive un comerciante,
que vende paños y sedas.

Tiene una mujer bonita,
-valía más que fuera fea-,
tiene un hijo de cinco años,
la cosa más parlotera.

Todo lo que pasa en casa,
a su padre se lo cuenta,
su padre, por más quererlo,
a las rodillas le sienta.

-Ven aquí tú, hijo querido
ven aquí mi dulce prenda,
quiero que todo me digas,
en esta casa ¿quién entra?.

-Padre de mi corazón,
el alférez de esta aldea,
llega todos los días,
y con  mi madre conversa.

Con mi madre come y bebe,
con mi madre pone mesa,
con mi madre se va a la cama,
como si usted mismo fuera.

A mi me dan un ochavo,
para jugar a la rayuela,
y yo como picarzuelo,
me escondo tras de la puerta.

Mi madre me está mirando,
y me dijo que me fuera:
-Deja que venga tu padre,
que te va arrancar la lengua.

Mal le ha sentado al señor,
el que aquello se supiera,
después ha salido a un viaje,
de siete leguas y media.

Un día estando jugando,
con los niños de la escuela,
ha ido a buscarle su madre,
a peinar su cabellera.

Ha cuarteado su cuerpo,
le ha tirado en una artesa,
y el peinado que le ha hecho,
fue cortarle la cabeza.

La coloca entre dos platos,
y al alférez se la entrega:
-Señora se le castiga,
pero no de esta manera,
haberle dado cuatro azotes
y haberle echado a la escuela.

Tras de tiempos llegan tiempos,
y el marido ya regresa,
ella ha salido a buscarle
y le ha encontrado en la puerta.

-Entra, maridito, entra
que te tengo una gran cena,
los sesitos de un cabrito,
las agallas y la lengua.

¿Qué me importa a mi de eso?,
¿qué me importa de la cena?,
te pregunto por  mi hijo,
que no ha salido a la puerta.

-Entra maridito, entra,
por tu hijo nada temas,
le di pan esta tarde
y se fue pa ca su abuela.

como cosa de chiquillos
está jugando con ella,
se pusieron a cenar
y oye una voz que le suena.

-Padre de mi corazón,
no coma usted de esa cena,
que salió de sus entrañas,
y no es justo que a ella vuelva.

Se ha levantado el señor,
la busca de su hijo empieza,
le ha encontrado cuarteado,
partidito en una artesa.

La ha agarrado de los pelos,
barre la casa con ella,
y después de golpearla,
a la autoridad la entrega.

Unos dicen que matarla,
otros, lo mismo con ella,
otros dicen que arrastrarla,
de la cola de una yegua.

No hay comentarios:

Publicar un comentario