UN DOMINGO POR LA TARDE
Un domingo por la tarde
llego a casa de la vecina
la prenda que yo pretendo
que se llama Josefina.
-¿Por quién preguntas Vicente?
-por ti, mi rosa divina,
Vengo a hablarte dos palabras
aunque sea en la cocina.
Pues yo te digo, Vicente,
que si mi madre se entera
a ti te echara a la calle
y a mí por las escaleras.
Si tu madre me echa
yo me lo tomaré a guasa.
Si me echa por esa puerta,
yo entro por la puerta falsa
Pues yo te digo, Vicente,
y te lo voy a explicar
me han dicho que eres muy flojo
y no quieres trabajar.
¿Flojo yo? mira Josefa,
yo gano mucho dinero
y no me ha de faltar nunca
por que mi oficio es barbero.
Pues yo no sé trabajar
ni en el campo, ni en la villa
ni tampoco sé afeitar
cosa que no maravilla.
Mejor dicho, sé afeitar
mi oficio ha sido barbero
a unos les corto la cara
y a otros no les corto el pelo.
Al cabo de poco tiempo,
han tratado de casarse
y lo primero que no tienen
es dinero para el traje.
Por fin, ya los han casado
con lo poco que tenían
y ahora no tienen local
"pa" poner la barbería.
A otro día por la mañana
allí llegaban sus penas:
-dame cuartos "pa" la plaza
-¡si yo no tengo una perra!
Pues yo te digo, Vicente,
no me engañes de ese modo
que yo me voy con mi madre
y aquí te quedas tú solo.
Si tú te vas con tu madre,
yo me quedaré en la gloria
porque para mí en el mundo
ya se acabaron las novias.
Al público que me escuche,
yo os digo muy fielmente,
que mira lo que ha pasado
con Josefina y Vicente.
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