viernes, 14 de junio de 2013

EL TIO JUAN "EL ZAPATERO"

   Hace muchos años, recién terminada la Guerra Civil, en esos tiempos en que hubo tanta hambre en España hubo un hombre que hasta esos momentos gozaba de muy buena posición social y al que todos daban por solvente cuando acudía a cualquier comercio a comprar lo que necesitaba para ir viviendo.
   Pero al llegar esos años tan nefastos para la mayoría de la gente, este hombre quiso continuar con su desahogada situación económica y los tenderos al conocer la anterior situación pero desconocer la actual seguían fiándole el género.
   Ésta era una situación cotidiana que se desarrollaba entre éste y los tenderos:
   - Buenos días tío Juan, ¿que le trae hoy por aquí?
   - Buenos días Antonio, ¿me puedes poner un trozo hermoso de tocino y costillas para el cocido?
   - Aquí tiene lo suyo, son tres pesetas.
   Entonces el tío Juan hacía como que se echaba mano a la cartera y con voz lastimera decía:
    - ¡Ay que se me ha olvidado el portamonedas!
    - Usted tranquilo, ya me lo pagará otro dia.
   Hasta que un día llegó a un tendero que le pidió tres cuartos de acelgas y al decir que se le había olvidado el portamonedas, éste le dijo:
    -Pero que no se le olvide que tiene usted que pagármelas.
   Así iba pasando el tiempo y este buen señor acumulando deudas hasta que un día ya con el agua al cuello le dice a la mujer:
    -Niña, la deuda ya es tan grande que no podemos pagarla de ningún modo, así que he pensado que me voy a morir y verás como nos perdonan la deuda.
   Dicho y hecho. Pronto se corrió la voz de que se había muerto el tío Juan el zapatero, todos muy afligidos decían:
    - A mi me debía dos duros.
    - y a mi, cinco duros.
    - ¡El Señor lo haya perdonado!
   Todos coincidían en perdonarle la deuda, menos el de los tres cuartos de acelgas, que fue al lado de la caja diciéndole:
    - Que me debe usted tres cuartos de acelgas y quiero que me los pague.
   Todos los demás que iban al entierro decían:
   - a mí  me debía mucho más y este "astascao" por tres cuartos de acelgas el ruido que está dando.
   Llegan al cementerio  y el de las acelgas sigue con su sonsonete, y cuando ve que ya lo van a enterrar decidió que lo enterraran con él, así que se acomodó al lado de la caja y seguía diciendo ¡que me debe usted los tres cuartos de acelgas!

   Ese mismo día habían robado un banco en Baza y dijeron los ladrones
    -¿dónde vamos a ir a contar el dinero?
 y dice uno:
    - A la tumba del tío Juan el zapatero que lo han enterrado esta tarde y le han dejado una luz.
   Llegan allí y sacan el dinero y comienzan a hacer los montones, éste "pa" ti, éste "pa" mí y éste que sobra para el que le dé una puñalada en el corazón al Tío Juan el zapatero.
   Lo que necesitaba oir éste y contesta:
    - ¡Ayudadme  difuntos!
   Y contestan los ladrones:
    - ¡Allá que vamos "tos" juntos!
 Y salieron corriendo dejando el dinero allí encima de la tumba.
   El tio Juan y el de las acelgas salieron y se repartieron el dinero, con lo cual los dos se pusieron ricos.
   Entonces los ladrones arrepentidos, dijeron:
   -¡Hay que ver que cobardes hemos sido! ¡si el muerto no puede hacernos nada!.
   Regresaron y lo que oyeron les puso la sangre mas fría que la traían.
Después de haberse repartido todo el dinero,  le dice el de las acelgas:
    - Y ahora tiene usted que darme los tres cuartos.
   A lo que se dijeron los ladrones:
    - No habrá pocos enemiguillos chicos y grandes "pa" tocar a tres cuartos.

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