UN DOMINGO POR LA TARDE
Un domingo por la tarde
llego a casa de la vecina
la prenda que yo pretendo
que se llama Josefina.
-¿Por quién preguntas Vicente?
-por ti, mi rosa divina,
Vengo a hablarte dos palabras
aunque sea en la cocina.
Pues yo te digo, Vicente,
que si mi madre se entera
a ti te echara a la calle
y a mí por las escaleras.
Si tu madre me echa
yo me lo tomaré a guasa.
Si me echa por esa puerta,
yo entro por la puerta falsa
Pues yo te digo, Vicente,
y te lo voy a explicar
me han dicho que eres muy flojo
y no quieres trabajar.
¿Flojo yo? mira Josefa,
yo gano mucho dinero
y no me ha de faltar nunca
por que mi oficio es barbero.
Pues yo no sé trabajar
ni en el campo, ni en la villa
ni tampoco sé afeitar
cosa que no maravilla.
Mejor dicho, sé afeitar
mi oficio ha sido barbero
a unos les corto la cara
y a otros no les corto el pelo.
Al cabo de poco tiempo,
han tratado de casarse
y lo primero que no tienen
es dinero para el traje.
Por fin, ya los han casado
con lo poco que tenían
y ahora no tienen local
"pa" poner la barbería.
A otro día por la mañana
allí llegaban sus penas:
-dame cuartos "pa" la plaza
-¡si yo no tengo una perra!
Pues yo te digo, Vicente,
no me engañes de ese modo
que yo me voy con mi madre
y aquí te quedas tú solo.
Si tú te vas con tu madre,
yo me quedaré en la gloria
porque para mí en el mundo
ya se acabaron las novias.
Al público que me escuche,
yo os digo muy fielmente,
que mira lo que ha pasado
con Josefina y Vicente.
Blog que dedico a recopilar las coplas que, sobre todo, después de la Guerra Civil, venían recitando los ciegos a la puerta de la iglesia y entorno de la Fuente Taza y que después se dedicaban a vender lo que habian recitado por una módica cantidad.
martes, 18 de junio de 2013
viernes, 14 de junio de 2013
EL TIO JUAN "EL ZAPATERO"
Hace muchos años, recién terminada la Guerra Civil, en esos tiempos en que hubo tanta hambre en España hubo un hombre que hasta esos momentos gozaba de muy buena posición social y al que todos daban por solvente cuando acudía a cualquier comercio a comprar lo que necesitaba para ir viviendo.
Pero al llegar esos años tan nefastos para la mayoría de la gente, este hombre quiso continuar con su desahogada situación económica y los tenderos al conocer la anterior situación pero desconocer la actual seguían fiándole el género.
Ésta era una situación cotidiana que se desarrollaba entre éste y los tenderos:
- Buenos días tío Juan, ¿que le trae hoy por aquí?
- Buenos días Antonio, ¿me puedes poner un trozo hermoso de tocino y costillas para el cocido?
- Aquí tiene lo suyo, son tres pesetas.
Entonces el tío Juan hacía como que se echaba mano a la cartera y con voz lastimera decía:
- ¡Ay que se me ha olvidado el portamonedas!
- Usted tranquilo, ya me lo pagará otro dia.
Hasta que un día llegó a un tendero que le pidió tres cuartos de acelgas y al decir que se le había olvidado el portamonedas, éste le dijo:
-Pero que no se le olvide que tiene usted que pagármelas.
Así iba pasando el tiempo y este buen señor acumulando deudas hasta que un día ya con el agua al cuello le dice a la mujer:
-Niña, la deuda ya es tan grande que no podemos pagarla de ningún modo, así que he pensado que me voy a morir y verás como nos perdonan la deuda.
Dicho y hecho. Pronto se corrió la voz de que se había muerto el tío Juan el zapatero, todos muy afligidos decían:
- A mi me debía dos duros.
- y a mi, cinco duros.
- ¡El Señor lo haya perdonado!
Todos coincidían en perdonarle la deuda, menos el de los tres cuartos de acelgas, que fue al lado de la caja diciéndole:
- Que me debe usted tres cuartos de acelgas y quiero que me los pague.
Todos los demás que iban al entierro decían:
- a mí me debía mucho más y este "astascao" por tres cuartos de acelgas el ruido que está dando.
Llegan al cementerio y el de las acelgas sigue con su sonsonete, y cuando ve que ya lo van a enterrar decidió que lo enterraran con él, así que se acomodó al lado de la caja y seguía diciendo ¡que me debe usted los tres cuartos de acelgas!
Ese mismo día habían robado un banco en Baza y dijeron los ladrones
-¿dónde vamos a ir a contar el dinero?
y dice uno:
- A la tumba del tío Juan el zapatero que lo han enterrado esta tarde y le han dejado una luz.
Llegan allí y sacan el dinero y comienzan a hacer los montones, éste "pa" ti, éste "pa" mí y éste que sobra para el que le dé una puñalada en el corazón al Tío Juan el zapatero.
Lo que necesitaba oir éste y contesta:
- ¡Ayudadme difuntos!
Y contestan los ladrones:
- ¡Allá que vamos "tos" juntos!
Y salieron corriendo dejando el dinero allí encima de la tumba.
El tio Juan y el de las acelgas salieron y se repartieron el dinero, con lo cual los dos se pusieron ricos.
Entonces los ladrones arrepentidos, dijeron:
-¡Hay que ver que cobardes hemos sido! ¡si el muerto no puede hacernos nada!.
Regresaron y lo que oyeron les puso la sangre mas fría que la traían.
Después de haberse repartido todo el dinero, le dice el de las acelgas:
- Y ahora tiene usted que darme los tres cuartos.
A lo que se dijeron los ladrones:
- No habrá pocos enemiguillos chicos y grandes "pa" tocar a tres cuartos.
Pero al llegar esos años tan nefastos para la mayoría de la gente, este hombre quiso continuar con su desahogada situación económica y los tenderos al conocer la anterior situación pero desconocer la actual seguían fiándole el género.
Ésta era una situación cotidiana que se desarrollaba entre éste y los tenderos:
- Buenos días tío Juan, ¿que le trae hoy por aquí?
- Buenos días Antonio, ¿me puedes poner un trozo hermoso de tocino y costillas para el cocido?
- Aquí tiene lo suyo, son tres pesetas.
Entonces el tío Juan hacía como que se echaba mano a la cartera y con voz lastimera decía:
- ¡Ay que se me ha olvidado el portamonedas!
- Usted tranquilo, ya me lo pagará otro dia.
Hasta que un día llegó a un tendero que le pidió tres cuartos de acelgas y al decir que se le había olvidado el portamonedas, éste le dijo:
-Pero que no se le olvide que tiene usted que pagármelas.
Así iba pasando el tiempo y este buen señor acumulando deudas hasta que un día ya con el agua al cuello le dice a la mujer:
-Niña, la deuda ya es tan grande que no podemos pagarla de ningún modo, así que he pensado que me voy a morir y verás como nos perdonan la deuda.
Dicho y hecho. Pronto se corrió la voz de que se había muerto el tío Juan el zapatero, todos muy afligidos decían:
- A mi me debía dos duros.
- y a mi, cinco duros.
- ¡El Señor lo haya perdonado!
Todos coincidían en perdonarle la deuda, menos el de los tres cuartos de acelgas, que fue al lado de la caja diciéndole:
- Que me debe usted tres cuartos de acelgas y quiero que me los pague.
Todos los demás que iban al entierro decían:
- a mí me debía mucho más y este "astascao" por tres cuartos de acelgas el ruido que está dando.
Llegan al cementerio y el de las acelgas sigue con su sonsonete, y cuando ve que ya lo van a enterrar decidió que lo enterraran con él, así que se acomodó al lado de la caja y seguía diciendo ¡que me debe usted los tres cuartos de acelgas!
Ese mismo día habían robado un banco en Baza y dijeron los ladrones
-¿dónde vamos a ir a contar el dinero?
y dice uno:
- A la tumba del tío Juan el zapatero que lo han enterrado esta tarde y le han dejado una luz.
Llegan allí y sacan el dinero y comienzan a hacer los montones, éste "pa" ti, éste "pa" mí y éste que sobra para el que le dé una puñalada en el corazón al Tío Juan el zapatero.
Lo que necesitaba oir éste y contesta:
- ¡Ayudadme difuntos!
Y contestan los ladrones:
- ¡Allá que vamos "tos" juntos!
Y salieron corriendo dejando el dinero allí encima de la tumba.
El tio Juan y el de las acelgas salieron y se repartieron el dinero, con lo cual los dos se pusieron ricos.
Entonces los ladrones arrepentidos, dijeron:
-¡Hay que ver que cobardes hemos sido! ¡si el muerto no puede hacernos nada!.
Regresaron y lo que oyeron les puso la sangre mas fría que la traían.
Después de haberse repartido todo el dinero, le dice el de las acelgas:
- Y ahora tiene usted que darme los tres cuartos.
A lo que se dijeron los ladrones:
- No habrá pocos enemiguillos chicos y grandes "pa" tocar a tres cuartos.
jueves, 13 de junio de 2013
Breves apuntes...
Hoy a las cuatro y media de la tarde empiezo a escribir en mi blog que tan gentilmente me está ayudando a hacer una compañera.
Por fin ha llegado el verano y todos parecemos muy contentos aunque aquí en la "tierra de los achaques" puede no ser tan ventajoso.
Durante la primavera tan lluviosa que hemos tenido, el frío comenzó por llevarse toda la fruta que esperábamos (cerezas, melocotones, albaricoques, etc).
Poco después vino una ola de frío y se acabó llevando las almendras, así que este año estamos en lo de siempre: la mitad del año diciendo "si Dios quisiera" y la otra mitad "si Dios hubiese querido".
Ahora si el calor llega tan de repente puede pasar que la muestra de la aceituna que justamente está abriendo se quede rubia y ya no cuaje ni la mitad de la que se espera.
Y eso en este pueblo, que su principal fuente de ingresos proviene de la agricultura, puede ser catastrófico y más en este periodo de crisis que se vive en todos sitios.
Y de hechos como este proviene el apelativo que se le da como "tierra de los achaques", pero confiemos en que este año la cosecha de aceituna sea generosa y nos repongamos de la cosecha del año pasado que se puede calificar como peor que mala. Aunque también hemos de señalar otro problema que viene provocado por condicionantes ajenos a nosotros (agricultores) y es el precio tan bajo que alcanza un bien tan reconocido como es el aceite de oliva y a pesar de tantos beneficios como aporta a la salud, sigue estando a niveles en los que no se cubren ni los gastos que tiene producir ese aceite.
Siempre he sido de la opinión de que el precio tenía que estar fijado por ley y así siempre se mantendría un precio más o menos estable, pero la realidad es que éste lo fijan las grandes multinacionales, con lo cual la especulación está a la orden del día.
Por fin ha llegado el verano y todos parecemos muy contentos aunque aquí en la "tierra de los achaques" puede no ser tan ventajoso.
Durante la primavera tan lluviosa que hemos tenido, el frío comenzó por llevarse toda la fruta que esperábamos (cerezas, melocotones, albaricoques, etc).
Poco después vino una ola de frío y se acabó llevando las almendras, así que este año estamos en lo de siempre: la mitad del año diciendo "si Dios quisiera" y la otra mitad "si Dios hubiese querido".
Ahora si el calor llega tan de repente puede pasar que la muestra de la aceituna que justamente está abriendo se quede rubia y ya no cuaje ni la mitad de la que se espera.
Y eso en este pueblo, que su principal fuente de ingresos proviene de la agricultura, puede ser catastrófico y más en este periodo de crisis que se vive en todos sitios.
Y de hechos como este proviene el apelativo que se le da como "tierra de los achaques", pero confiemos en que este año la cosecha de aceituna sea generosa y nos repongamos de la cosecha del año pasado que se puede calificar como peor que mala. Aunque también hemos de señalar otro problema que viene provocado por condicionantes ajenos a nosotros (agricultores) y es el precio tan bajo que alcanza un bien tan reconocido como es el aceite de oliva y a pesar de tantos beneficios como aporta a la salud, sigue estando a niveles en los que no se cubren ni los gastos que tiene producir ese aceite.
Siempre he sido de la opinión de que el precio tenía que estar fijado por ley y así siempre se mantendría un precio más o menos estable, pero la realidad es que éste lo fijan las grandes multinacionales, con lo cual la especulación está a la orden del día.
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