San Isidro labrador
labraba su quintería,
cada vez que iba a labrar
era más de mediodía.
Los gañanes de alrededor
todos le tienen envidia,
de ver que sus gananciales
sin comparación crecían.
Uno de sus amigos
al amo fue a imponer:
-mire usted que su criado
no cumple con su deber.
-Si mi criado no labra bien
ni cumple con su deber,
a usted no le pido nada
para pagarle yo a él.
El amo que no era torpe,
quiso enterarse del caso.
Se ha montado en su caballo
desde el alba revisando,
y vio salir labrando
tres pares de bueyes blancos.
Se ha montado en su caballo,
como tiene acostumbrado,
a darle los buenos días
donde estaba Isidro labrando.
-Buenos días tenga Isidro
-Venga usted con Dios, mi amo
-ahora quiero que me digas
quién te ayuda en tu trabajo.
-A mi no me ayuda nadie
para hacer yo mi trabajo,
tan sólo el rey de los cielos
que me da salud y amparo.
Estando el amo delante
Isidro salió labrando
y vio abrirse tres surcos
no habiendo más que un arado.
Se ha montado en su caballo
de la alegría llorando
a decirle a su señora
que su criado era santo.
El día quince de mayo
lo van a felicitar
porque tenía los campos
que eran una preciosidad.
El día quince de mayo
las campanas repicaron
lo van a felicitar
con permiso de su amo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario