martes, 29 de abril de 2014

EN EL PUEBLO DE MARCHENA

En el pueblo de Marchena
habitaba un matrimonio,
habitaba un matrimonio
de una familia muy buena.

Ella era costurera,
él de oficio era albañil,
tan solo tenían una hija
que se llamaba Isabel.

Su padre la quiere mucho,
que era la locura de él.
Su padre la quiere mucho,
que era la locura de él.

Un domingo por la tarde
con su hija paseaba
y aquellas malas vecinas
al albañil le llamaban.

Y le dicen: mira, Antonio,
lo que a ti te esta pasando,
que tu mujer no es muy buena
y a ti te está traicionando.

A su hija la abrazaba
y llorando le decía,
y llorando le decía
que iba a ser muy desgraciada.

y en ese mismo momento,
sin pedir explicación,
hizo la ropita un lío
y a Segovia se marchó.

Antonio llegó a Segovia
y se colocó a trabajar
y dio con un caballero
que fue su felicidad.

Antonio trabaja mucho
y hace sus beneficios,
hasta que llegado el día
de que Antonio llega a rico.

Y aquella niña tan guapa
que su madre la crío
con edad de quince años
sola en el mundo quedó.

Ella quiere ser artista
y el teatro le gustaba
y al verse sola en el mundo,
sus ideas las alcanzaba.

Ella va de pueblo en pueblo,
con una compañia grande,
hasta que llegó el día
que se encontró con su padre.

Ella va sola bailando,
se le acerca un caballero,
al verla tan linda y guapa
fue y le tiró el sombrero.

Y le dice: mira, joven,
si a usted le parece bien
cuando termine el baile
queda invitada a un café.

Te llamo para decirte
que si te casas conmigo,
que si te casas conmigo
los dos seremos felices.

En este mismo momento
no le puedo contestar,
pues son cosas muy serias
y las tengo que pensar.

Pues dime cómo te llamas
y del pueblo dónde eres,
para mandar a decir
que nos manden los papeles.

Me llamo Isabel Fernández
y mi madre fue Encarnación,
soy del pueblo de Marchena,
mi padre me abandonó.

El padre al oir aquello
al suelo muerto cayó.
¿cómo has venido a mis brazos?
¡hija de mi corazón!

¡Hija de mi corazón,
que alegría encontrarte,
para ti se acabó el teatro
y aquí tienes a tu padre!

Al público que me escucha,
que ponga mucha atención.
que por unas malas lenguas
¡cuántas penas paso yo!

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