miércoles, 27 de noviembre de 2013

LA LOBA PARDA

Estando yo en mi choza, apoyado en mi cayada,
las cabrillas altas iban y la luna rebajada,
mal barruntan las ovejas, no paran en la majada,
vi venir siete lobos, por una oscura cañada.

Venían echando suertes, cual entraba a la majada,
le tocó a una loba vieja, patituerta, cana y parda,
que tenía los colmillos como puntas de navaja.

Dio tres vueltas al redil y no pudo sacar nada,
a la otra vuelta que dio, sacó una borrega blanca,
hija de la oveja churra, nieta de la orejisana,
la que tenían mis amos para el Domingo de Pascua.

-¡Aquí mis siete cachorros, aquí perra trujillana,
aquí, perro el de los hierros, a correr la loba parda!
si me cobráis la borrega, cenaréis leche y hogaza,
y si no me la cobráis, cenaréis de mi cayada.

Los perros tras de la loba, las uñas se esmigajaban,
siete leguas la corrieron, por unas sierras muy agrias.
Al subir un cerrillo, la loba ya va cansada:
-Tomad perros la borrega, sana y buena como estaba.

-No queremos la borrega, de tu boca alobadada,
que queremos tu pelleja para el pastor una zamarra,
el rabo para correas, para atarse las bragas,
de la cabeza un zurrón, para meter las cucharas,
las tripas para guitarras, para que bailen las damas.

viernes, 22 de noviembre de 2013

EL AMANTE Y LA MUERTE

Un sueño soñaba anoche, soñito del alma mía,
soñaba con mis amores, que en mis brazos los tenía.
Vi entrar señora tan blanca, aún más que la nieve fría.
-¿por dónde has entrado amor?¿Por dónde has entrado, mi vida?,
las puertas están cerradas, ventanas y celosías.
No soy el amor, amante: la muerte que Dios te envía.
-¡Ay muerte tan rigurosa, déjame vivir un día!,
Un día no puede ser, una hora tienes de vida.

Muy deprisa se calzaba, más deprisa se vestía;
y se va para la calle, en donde su amor vivía.
-¡Ábreme la puerta, Blanca, ábreme la puerta, niña!
-¿Cómo te podre yo abrir, si la ocasión no es venida?
Mi padre no fue al palacio, mi madre no está dormida
-Si no me abres esta noche, ya no me abrirás, querida,
La muerte me esta buscando, junto a ti, vida sería.
-Vete bajo la ventana, donde labraba y cosía,
te echaré cordón de seda, para que subas arriba,
y si el cordón no alcanzare, mis trenzas añadiría.
La fina seda se rompe; la muerte que allí venía:
-Vamos, el enamorado, que la hora ya está cumplida.

martes, 19 de noviembre de 2013

LOS HIJOS PERDIDOS

Un día estando de campo, en una dehesa de merienda,
se le perdieron dos hijos, José Gómez y Teresa.
Qué penita no tendrían aquellos padres queridos,
despiertan de echar la siesta y no encuentran a sus hijos.

Y el señor alcalde les dice: "ustedes no tengan pena,
se pondrán todos los medios pa buscarlos por la sierra".
Guardias y guardias civiles, guardas y municipales,
los buscan por todas partes y no pueden encontrarles.

Estos dos niños perdidos son de muy corta edad,
el  niño tiene seis años, la niña para ocho va.
"!Ay Teresa de mi vida!, ¡ay Teresa de mi alma¡,
se los habrán comido las fieras y yo durmiendo en mi cama".

Un día estando de caza Don Rafael Pozo Garrido,
siente una voz que le dice:"¿por quién somos socorridos??,
se acerca para la cueva con mucha serenidad,
y les pregunta a los niños "¿vuestros padres dónde están?".

Nosotros no lo sabemos, Teresita le contesta,
porque hace mucho tiempo que estamos en esta cueva.
Comemos hierba del campo, también comemos madroños,
con tanto bueno en mi casa y nosotros sin probar ni un bollo.

Los ha sacado de la cueva, los arropa en su manta,
enseñándoles a sus amigos aquella preciosa caza.
Los amigos le preguntan: ¿qué es lo que traes Rafael?
Una caza tan bonita, nunca la he podido hacer.

No tengo hijos ningunos, tengo  mucho capital,
ya tengo yo en este mundo, quien me pueda a mi heredar.
Ya se fueron por el camino que iba para Santa Amalia,
porque ese es el camino que lleva para su casa.

A la salida del pueblo hay una sagrada ermita,
donde estos afligidos padres, todas la tardes visitan,
pidiendo al Ángel del cielo, tan grande y soberano,
vete alrededor de mis hijos y los cubres con tu manto.

Diciendo estas palabras, ella volvió la cabeza,
se le fue un grito del pecho "¡Ay mi José y mi Teresa!"
el padre al oir aquello ¿qué es lo que dices Teresa?
que el ángel de nuestra guarda a nuestros hijos presenta.

Se tiraron dando besos, dando gracias al caballero,
¿qué es lo que le debo por encontrar a mis hijos?,
ustedes no deben nada, tomen ustedes a sus hijos,
ha sido obra del cielo y yo les regalo un cortijo.

martes, 12 de noviembre de 2013


           LA MALA MADRE

Más arriba de Burgos,
hay una pequeña aldea,
donde vive un comerciante,
que vende paños y sedas.

Tiene una mujer bonita,
-valía más que fuera fea-,
tiene un hijo de cinco años,
la cosa más parlotera.

Todo lo que pasa en casa,
a su padre se lo cuenta,
su padre, por más quererlo,
a las rodillas le sienta.

-Ven aquí tú, hijo querido
ven aquí mi dulce prenda,
quiero que todo me digas,
en esta casa ¿quién entra?.

-Padre de mi corazón,
el alférez de esta aldea,
llega todos los días,
y con  mi madre conversa.

Con mi madre come y bebe,
con mi madre pone mesa,
con mi madre se va a la cama,
como si usted mismo fuera.

A mi me dan un ochavo,
para jugar a la rayuela,
y yo como picarzuelo,
me escondo tras de la puerta.

Mi madre me está mirando,
y me dijo que me fuera:
-Deja que venga tu padre,
que te va arrancar la lengua.

Mal le ha sentado al señor,
el que aquello se supiera,
después ha salido a un viaje,
de siete leguas y media.

Un día estando jugando,
con los niños de la escuela,
ha ido a buscarle su madre,
a peinar su cabellera.

Ha cuarteado su cuerpo,
le ha tirado en una artesa,
y el peinado que le ha hecho,
fue cortarle la cabeza.

La coloca entre dos platos,
y al alférez se la entrega:
-Señora se le castiga,
pero no de esta manera,
haberle dado cuatro azotes
y haberle echado a la escuela.

Tras de tiempos llegan tiempos,
y el marido ya regresa,
ella ha salido a buscarle
y le ha encontrado en la puerta.

-Entra, maridito, entra
que te tengo una gran cena,
los sesitos de un cabrito,
las agallas y la lengua.

¿Qué me importa a mi de eso?,
¿qué me importa de la cena?,
te pregunto por  mi hijo,
que no ha salido a la puerta.

-Entra maridito, entra,
por tu hijo nada temas,
le di pan esta tarde
y se fue pa ca su abuela.

como cosa de chiquillos
está jugando con ella,
se pusieron a cenar
y oye una voz que le suena.

-Padre de mi corazón,
no coma usted de esa cena,
que salió de sus entrañas,
y no es justo que a ella vuelva.

Se ha levantado el señor,
la busca de su hijo empieza,
le ha encontrado cuarteado,
partidito en una artesa.

La ha agarrado de los pelos,
barre la casa con ella,
y después de golpearla,
a la autoridad la entrega.

Unos dicen que matarla,
otros, lo mismo con ella,
otros dicen que arrastrarla,
de la cola de una yegua.

martes, 5 de noviembre de 2013

                 UN CURILLA SIENDO CURA


Un curilla siendo cura,
de la religión mayor,
se enamoró de una niña,
desde que la bautizó.

Mientras vivieron sus padres,
no la pudo lograr, no
cuando ellos murieron,
la niña sola quedó.

Un día del mes de Mayo,
peinándose estaba al sol,
por allí pasó el curilla,
por allí pasó el traidor.

-Vente conmigo Pepita,
Pepita de mi corazón,
la agarró de una mano
y a su casa se la llevó.

Un día de Jueves Santo,
con la niña se acostó,
le puso la mano al pecho,
y el cuerpo muerto quedó.

-Vecinos, los mis vecinos,
si tenéis buen corazón,
sacadme de aquí esta niña,
donde no la vea Dios.

A la mañana siguiente
a decir misa marchó,
y al tiempo de alzar el cáliz,
del cielo bajó una voz:

-¡Detente, traidor, detente
detente padre traidor!
no puedes decir misa,
ni consagrar al Señor.

A la mañana siguiente,
para Roma se marchó
que le confiese el Papa
y le eche la absolución.

-Que te arrastren cuatro potros
desde Roma hasta Aragón.
-Esa es poca penitencia,
 más grande la quiero yo.


-Que te suban a una torre,
y te pongan por reloj.
-Esa es poca penitencia,
más grande la quiero yo.

-Que te metan en un horno,
hasta que te hagas carbón.
-Como era una niña santa,
esa me merezco yo.